El Barco Restorán
Desde San Antonio hacia Isla Negra, en la región de Valparaíso, poco antes de llegar a Cartagena, dimos con El Barco. Un restorán que por fuera no dice mucho pero que nos atrajo por la vista al mar y porque ya estábamos pasados en la hora de comer y era meritorio hacer una parada.
El interior del restaurante, como lo indica su nombre, simula una embarcación. Todo en madera y muy rústico, un poco oscuro para los ojos miopes, y quizás por ello no se logra apreciar a primera vista la ornamentación con motivos marítimos de sus paredes, pero que en segunda instancia, destaca por su sencillez y minimalismo.
La atención fue rápida. Lo primero que pedimos fue el cambio de música. A veces no va con lo que el restaurante quiere transmitir y creo que era el caso. Sin problemas, colocaron música típica francesa….Por suerte porque era mejor que las cumbias que sonaban antes. Esto definitivamente le dio cierto toque de distinción.
La carta, exhibida en un atril, mostraba variedad de pescados, ceviches, mariscos y algunas carnes. Se podría decir que a primera instancia, no resulta especialmente atractiva. Me incliné por el pescado Barco: pescado a elección (merluza o reineta) en una cama de tomates acaramelados cubierto con salsa de queso. Previo, la casa nos regaloneó con un ceviche, pancitos calientes, mantequilla y el consabido pebre.
Una bomba de sabores detonó en mi boca al probar el platillo exquisitamente presentado. Muy bien cocido el pescado y la mezcla del tomate dulce con la salsa de queso es sencillamente exquisita! Eso bien acompañado de un vino blanco levemente frio, hizo del almuerzo la mejor comida que he probado en meses en la zona. El éxtasis recorría cada papila gustativa. Un verdadero placer. Cuando apareció un caballero, Don Luis Borquez a preguntarnos cómo estaba todo. Vi su delantal de chef y no pude evitar levantarme y aplaudirlo por su preparación. Dueño además del restaurante y muy amable.
Calificación: de 1 a 7, 8
Lo mejor: luego de la experiencia, estoy segura que cualquier plato que se pida, será una delicatessen. Atendido por su dueño quien es chef y anfitrión, atención rápida y la ornamentación muy ad hoc.
Lo no tan bueno: la mujer que nos atendió, retiró todo de la mesa aun cuando uno de nosotros no terminaba de comer. Los baños muy oscuros y faltaban elementos básicos.
Sin embargo, son detalles que pasan de largo ya que la comida deja callado a cualquiera.

